“Nunca me permitas ser un altivo”. A un altivo nunca se le queda bien. Este país insta a la desobediencia, a no sujetarse, a hacer lo que le da la gana. Este país anima a irse de la casa a los 18 años. Este país insta a ser líder para ser el mejor. Nos insta a creer que somos mejores que los demás. También, que no necesitamos a papá y mamá porque son anticuados. Cuando ese espíritu esté en nuestra vida, la presencia de Dios se va, la vida de Dios es removida y se va la autoridad.
De aquí a un año vamos a ser 1000 personas, no porque seamos muy cargas, sino porque nos vamos a humillar.
“Pero una vez más el Señor lo llamó: — ¡Samuel! Él se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: —Aquí estoy; ¿para qué me llamó usted?” 1 Samuel 3:6
Samuel respondió “heme aquí”. Dígaselo a Dios, porque esto es lo que se ha acabado.
En aquel tiempo en el cual Dios llamó a Samuel, la palabra escaseaba, no había revelación y la visión que había se volvió monótona.
“En esos tiempos no era común oír palabra del Señor, ni eran frecuentes las visiones”. 1 Samuel 3:1
Estamos hablando de cómo y porqué la gente se va de las iglesias, debido a esa falta de visión. No debemos ser líderes sin la presencia de Dios.
La generación de Elí ya no estaba teniendo visión, porque se volvió predecible todo en la iglesia. La visión de llenó de pecado.
¿Tú crees que la visión de Dios te lleve a pecar? ¿Tú crees que si Dios te guía te llevará a pecar? Pues no, porque somos como la luz de la aurora…Es sencillo, debemos crecer. Debemos ser humildes. A veces cometemos el error de decir “presencia de Dios, puedes irte porque yo tengo la revelación”.
Cuando usted se duerme, viene el diablo y arrasa con todo. Pero ese es un dormir espiritual. Samuel estaba sirviendo y estaba dormido. A más de uno esto le ha pasado. Y cuando nos dormimos, le perdemos el sentido a la visión que Dios nos dio.
Para florecer en el llamado debemos ser antirreligiosos, porque el religioso es quien se duerme espiritualmente.
Di conmigo “sobre mí no va a dormir el espíritu de religión”.
El arca significa la presencia de Dios, y Samuel tenía la presencia de Dios en frente, y no lo notaba. Hay gente que se vuelve indiferente e inmune a la presencia de Dios a causa de crecer malformado.
¿A cuántos se les ha ido la pasión más de una vez? ¿Cuántos creen que Dios nos va a devolver esa pasión?
La lámpara simboliza la palabra. Era tal la desobediencia e indiferencia del pueblo que fue apagada la lámpara de la palabra entre el pueblo.
Cuando nos movemos por emociones y hay soberbia, Dios está de último lugar. La gente tiene doblo ánimo y dependen de que haya algo emocionante, y se indisponen a adorar a Dios en la iglesia.
¿Cuántos prefieren ser confrontados?
Una persona crece cuando la corregimos y comienza a dar fruto.
Cuando uno pierde la presencia, queremos hacer nuestra propia voluntad y no la de Dios. Siempre la voluntad de Dios es contraria a la nuestra.
Porque Dios quiere que salgamos de la normalidad.
La normalidad es ese círculo que hacemos y del cual no queremos que nadie nos saque. Tenemos miedo a que se nos quite. Pero esa normalidad mata el sueño de Dios en nuestra vida.
Nunca debo dejar entrar en mí un espíritu de desobediencia.
¿Cuántos quieren bendición? “Señor, ayúdame a ser obediente, lo necesito”
Samuel no conocía la presencia, aunque la tenía en frente, y la palabra no le había sido revelada.
La persona que crece es porque tiene la revelación de la palabra.
En lugar de subir un olor grato a Dios, subió el pecado. ¿A cuántos les gusta adorar? ¿Se imaginan que el olor a Dios sea división, contienda, cerruchadera de pisos, chisme y desánimo? Dios diría “ese no es mi pueblo”.
En lugar de llegar un olor grato, le llegó una hediondez. Y Dios tuvo que levantar un Samuel para restaurar todo esto.
¿Cuántos aún tienen áreas en las cuales están caídos? Necesitamos subir a otro nivel humillándonos. ¿A quién levanta Dios? A los humildes, contritos y humillados.
“El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido”. Salmos 51:17
Cuando David se creyó la mamá de Tarzán se vinieron las desgracias. ¿Cuántos quieren que la gloria de Dios invada San José?
Yo veo esos travestis adorando a Dios, pero algo tiene que pasar en nosotros.
Que estemos centrados en lo que Dios está haciendo. Que no dejemos la visión…
Pero, sobre todo, debemos caminar en la presencia de Dios.
Geovanny Solano
