martes, 14 de julio de 2009

La iniquidad III

"Como el gorreón en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa". Proverbios 26:2

Nadie se estrella al propio. Cuando va a llover, primero se nubla el cielo. Entonces, todo tiene que ser provocado.
¿Cómo provocar la presencia de Dios? Debemos estar todos unánimes y juntos. Pero ¿por qué se nos manifiestan todavía esas ganas de pecar? Porque existe una semilla de maldad en el corazón del hombre desde que este es concebido.

Un ejemplo de esa manifestación de la semilla de maldad, en la mujer, es la debilidad que tiene con respecto a lo que escucha. Cuando la mujer escucha palabras que le agradan, comienza a flaquear y se comienza a manifestar la iniquidad; lastimosamente en ocasiones se topa con un desgraciado que la engaña con puras palabras y le estropea las metas que aquella mujer tenía propuestas. (Desgraciado: falto de gracia).

Por otro lado, el hombre tiende a caer por lo que ve, y no tanto por las palabras que escucha.

Ahora vamos al ejemplo de David. Cuando David pecó con Betsabé, primero fue adúltero. Pero ¿qué provocó que David cayera de tal forma? La semilla del pecado...

Cuando la semilla cae en la mente, debo tener cuidado y saber si llevarla al corazón, porque en el corazón se concibe la semilla. Por lo tanto, se da una guerra en la mente, porque los demonios buscan que el pecado sea concebido. Llevar una semilla hacia el corazón, significa creerla, tomarla como una verdad para nuestra vida.

Sin embargo, cuando tomamos la semilla de la palabra, cuando estamos a punto de caer, tenemos la confianza en la palabra de Dios, la cual declara que en la debilidad somos fortalecidos.

Ahora bien, luego de la caída de David, vino el arrepentimiento.
"Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones". Salmos 51:1

Cuando nos arrepentimos, debe ser quitada la semilla de maldad que tenemos por causa de caminar sin la presencia de Dios.
"Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado". Salmos 51:2

Es necesario subir de nivel, crecer, avanzar espiritualmente, porque sino vamos a seguir pecando en la misma debilidad toda la vida. Pero cuando Dios nos lave más y más, como dice el Salmo, la gloria de Dios va a descender sobre este lugar.

Y esa gloria es la presencia de Dios, la cual es como un perfume que se impregna en nosotros. Pero hay una semilla de maldad que primero debe ser quitada de nuestro corazón. Porque todo en la vida ha sido provocado.

"Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí". Salmos 51:3

¿A cuántos se les rebela la carne cuando desea alabar a Dios? ¿A cuántos les da pereza alabar a Dios? Es que cuando nos acercamos a Dios, el reino de las tinieblas busca estropear nuestra intención.

"Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos;". Salmos 51:4

¿Cuántos han pecado contra Dios?...De repente hemos cometido muchos errores, y a pesar de que estamos en Dios, se nos quiere manifestar el pecado. Esto se debe a que fuimos concebidos en el vientre de nuestra respectiva madre, con un gen defectuoso de pecado.
"He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre". Salmos 51:5

Por esa razón Dios no quiso que Jesús fuera concebido naturalmente entre José y María, sino que lo concibió el Espíritu Santo, para no tener pecado.

Jesús tuvo las características del reino de los cielos, o sea, la personalidad del Espíritu Santo. Es por eso que no le costaba tanto obedecer como a muchos de nosotros.

¿Cuántos quieren revertir esas malas actitudes?
Entonces dile: -Señor, tengo un premio en la desobediencia y falta de fe, lo reconozco. Necesito que cambies mi destino Señor.-

Geovanny Solano V.

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