miércoles, 19 de agosto de 2009

Las dos simientes

Aquí nos vamos a acostumbrar a los milagros. Va a ser costumbre que el drogadicto deje la droga. De repente ese problema en 8 días se larga, porque Cristo quiere hacerme libre. Pero ¿si usted no quiere escuchar la verdad, cómo va a ser libre?

Algo grande viene. Lo estamos creyendo y declarando. Es una bendición estar aquí. Vamos a continuar hablando de la iniquidad, porque hasta que hayamos sido libres de eso, podremos ver el avivamiento.

¿Qué es una simiente? Es una semilla, quiere decir semen.

Existen 2 simientes, una simiente es una semilla. Entonces tengo 2 semillas, la que viene de Dios y la que viene de la maldad.

La semilla de maldad nació desde Adán y Eva.

La simiente es concebida a través del semen. El único ser que puede cambiar o transformar la simiente somos nosotros. Podemos decidir si cambiar nuestra vida. Tenemos capacidad para cambiar nuestro destino a través del nuevo nacimiento en Jesús. El poder está en nuestras manos.

Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. Gálatas 5:19-21

Hay un pleito entre las 2 simientes. Es la carne contra el espíritu.

La carne siempre quiere pecar. Esa es la semilla del diablo, y la carne siempre quiere prevalecer; se manifiesta cuando comenzamos a decir: -qué sueño, qué hambre ¿voy a la iglesia? ¿Me vuelvo un religioso y voy solamente los domingos?...-

Hay gente que pasa toda la semana indiferente con Dios, ¡no nos hagamos religiosos!

Hay gente que dice –yo no tengo problemas de fornicación, pornografía, drogas o idolatría…yo soy bueno-.

Pero, para aquellos que creen que no pecan, los celos, la envidia, la rivalidad, la disensión, el no perdonar…eso también es pecado.

Hay que ser sinceros delante de Dios, de lo contrario no va a pasar nada en nuestra vida. Si nos creemos los más santos, no pasa nada cuando venimos ante Dios.

Nos gusta juntarnos con personas que viven en el mismo pecado que uno. La envidia, contienda, chismes, son fruto de la iniquidad. No puedo entender que entre el pueblo de Dios hayan celos entre ministerios. Esos son frutos de la iniquidad.

Todos los días tenemos algo a qué morir, porque es una lucha constante contra la carne. Por más pequeño que sea.

Esa semilla tan pequeña ha podido más que usted y solamente usted puede sacar esa semilla.

La carne nunca deja que el espíritu se imponga sobre ella. Es una lucha constante.

La iniquidad viene del diablo, quien quiso la adoración para él. Si la iniquidad se pudo introducir en Lucifer, el ángel perfecto, ¿cómo no se habría que introducir en el ser humano?

El diablo tiene envidia de usted como ser humano, porque cuando Dios se quedó sin Lucifer para que lo adorara, tuvo que crear al ser humano para que lo adoremos.

Somos lo más parecido a Dios, y Lucifer envidia eso. Por eso viene con la intención de plantar la iniquidad.

La iniquidad es la madre de todo mal físico, moral y espiritual.

Karen Chinchilla

No hay comentarios:

Publicar un comentario